viernes, 6 de julio de 2018

La esclavitud en las galeras españolas

LA CHUSMA DE LAS GALERAS

La chusma de las galeras españolas estuvo compuesta básicamente por dos grandes grupos: los esclavos y los forzados, a los cuales se añadían los llamados “buenas boyas”, prácticamente inexistentes desde comienzos del siglo XVII.
La distribución del trabajo en galeras no distinguió entre esclavos y forzados. Ambos grupos se distribuyeron al remo en función de su fuerza física y no por su status. Remaron codo con codo, sin distinciones en la alimentación, vestido o cuidado sanitario.
            El instrumento de trabajo fue el remo, compartido por varios remeros que recibían un nombre concreto en función del lugar que ocupaban en el barco. Al primero de ellos se le denominó “bogavante”, mientras el “cuarterol” era el último en el caso de las galeras más pequeñas. Otro era el “espalder” por bogar de espaldas a la popa y de cara a los demás, a quienes daba la boga.

DOTACIÓN DE CHUSMA SEGÚN EL TIPO DE GALERA

GALERA
REMEROS
MÚSICOS Y SIRVIENTES
TOTAL CHUSMA
Capitana
348
27
375
Patrona
270
10
280
Sencilla
250
10
260

Las ordenanzas de la galera tendieron a igualar el trato entre esclavos y forzados en todos los aspectos, aunque por status jurídico los castigos no fueron siempre iguales. Los esclavos -a excepción de los que estaban bajo sentencia judicial-, al estar en galeras por toda su vida, no podían ser penalizados mediante la ampliación del tiempo de servicio al remo. Además, eran demasiado valiosos para ser condenados a muerte, por lo que los azotes se convirtieron en el castigo más habitual para ellos.
La evolución de los distintos grupos que componían la chusma de galeras fluctuó en función de una serie de condicionantes históricos y logísticos, tales como las presas realizadas o las largas campañas en el extranjero.

COMPONENTES DE LA CHUSMA DE GALERAS SEGÚN LA CONDICIÓN DE ENTRADA (1700-1733)

NÚMERO
%
ESCLAVOS
1373
16,0
FORZADOS
7177
83,9
BUENAS BOYAS
1
00,1
TOTAL CHUSMA
8551
100

La proporción entre forzados y esclavos se vio reducida en la práctica, ya que estos últimos estuvieron sujetos por vida al remo, en tanto los forzados, una vez cumplida su condena abandonaban las galeras. El porcentaje real debió aproximarse al que se desprende de la información suministrada en 1740 por el intendente de Cartagena, en el que se trata de las existencias y necesidades de chusma: 63,5 % de forzados y 36,5 % de esclavos.
Los esclavos eran propiedad real y debían servir de por vida en galeras. Casi todos fueron capturados durante la permanente guerra que España sostuvo contra berberiscos y turcos. Su función principal consistió en realizar la boga, aunque también fue habitual que los que se consideraran de “confianza” y menor riesgo de fuga, se les encomendaran otro tipo de servicios, tales como los de músicos, servidumbre personal, limpieza, aprovisionamiento de leña, agua, víveres y otros productos.
Entre los esclavos del rey y los forzados, se situaron aquellos que eran propiedad de particulares y que fueron condenados a galeras por un tiempo limitado, a cuyo término no podían ser puestos en libertad por tener que reintegrarse a sus propietarios, si es que los reclamaban. Sólo cuando se convertían en “cristianos nuevos” podían tener una remota posibilidad de ser libres, siempre y cuando sus dueños no los requirieran al término de sus condenas.

EL APROVISIONAMIENTO DE ESCLAVOS

En cuanto a los diversos medios empleados para nutrirse de esclavos, el más corriente procedió de la captura en combate, causa por la que fueron llamados “moros de presa”. Otras modalidades de ingreso y su evolución a lo largo del primer tercio del siglo XVIII las detallamos en el siguiente cuadro.

FORMAS DE INGRESO DE LOS ESCLAVOS EN LAS

GALERAS ESPAÑOLAS (1700-1733)
TIPO DE INGRESO
NÚMERO
%
PRESA
1.100
80,1
COMPRA
190
13,8
RESCATE
30
2,2
TRUEQUE
25
1,8
REPOSICIÓN
17
1,2
CESIÓN
9
0,7
SENTENCIA
2
0,2
TOTAL
1.373
100

La mayor parte de los esclavos berberiscos y turcos fueron capturados en combate naval o terrestre, por lo que eran llamados “moros de presa”. En su mayoría eran corsarios profesionales, que perdiendo su libertad, pasaban a ser propiedad del rey al servicio del remo en la escuadra de galeras del Mediterráneo.
Cuando escaseaban, el sistema de aprovisionamiento de esclavos se completaba por medio de la compra. Operación en la que los funcionarios reales adquirían esclavos musulmanes a unos precios que estuvieron normalizados durante los siglos XVI y XVII en torno a los 100 ducados por cabeza, pero que en el siglo XVIII se incrementó al menos en otros 30 ducados, provocando una reducción en las compras. El dinero empleado en la adquisición de esclavos, provino principalmente de la subasta de esclavos viejos e inútiles para las galeras, un sistema que permitió su sustitución con un coste mínimo a la hacienda real, y que se completó con los caudales de Cruzada y los de la tesorería de marina
A los tipos de esclavos anteriores, debemos añadir aquellos que antes de su entrada en galeras estuvieron en casas particulares, cuyos dueños, en castigo de su rebeldía u otros estropicios, hacían donación de sus personas al rey para ser empleados como remeros en las galeras. Medida extrema como aleccionadora, tanto para el esclavo implicado, como para los demás de su clase.
La abundancia de este tipo de esclavos se mantuvo mientras los precios permanecieron bajos, algo que empezó a cambiar tras la guerra de Portugal en l640, momento en el que al incrementarse su valor, sus dueños decidieron dejar de donarlos al rey, por muy desobedientes y peligrosos que fueran.
Otras veces, la donación del esclavo se hacía por motivos económicos, por desentenderse el dueño de los gastos que ocasionaba. Muchos de ellos, por haber adquirido diversas habilidades durante su cautiverio doméstico, pudieron eludir la penosa tarea de empuñar el remo, e incluso, servir al mismo rey.
En el caso de los esclavos que fueron canjeados por otros para servir a dueños particulares, éstos también obtuvieron cierta ventaja, pues sustituían sus esclavos menos dóciles por otros, que habiendo probado la dura vida de las galeras, veían en este cambio una posibilidad de mejorar su existencia.

LA REDENCIÓN DE ESCLAVOS

Respecto a las operaciones de intercambio de esclavos por cautivos cristianos, éstas requerían dos tipos de intervenciones. La más usual consistía en que familiares o apoderados de cristianos esclavizados, se dirigieran al rey para que autorizara el canje. Una vez concedido, se pasaba a recoger al esclavo o esclavos que los poseedores del cautivo cristiano solicitaban a cambio, y entregarlo a los que hacían de intermediarios, quienes firmaban el recibí correspondiente y abonaban la fianza habitual, con lo que garantizaban la operación y respondían a la posible pérdida del esclavo. Previamente, debía haber sido entregado otro esclavo útil para el remo en su lugar.
Realizadas estas formalidades, se hacía a continuación la cesión del liberado a los religiosos de las órdenes de San Francisco, Trinitarios o de la Merced de Cartagena para efectuar en Argel el cambio. Realizada la operación, el cristiano liberado debía pasar a su lugar de origen y dar fe ante escribano de haberse realizado el canje y que era el mismo cautivo que motivó la operación.
En caso de que el plazo terminaba por expirar, periodo que abarcaba normalmente unos seis meses, y el canje no se había podido realizar por cualquier motivo, se obligaba a los intermediarios a devolver el esclavo, o bien, sustituirlo por otro.
Otra modalidad de canje podía producirse a instancias del propio esclavo, en la mayoría de las ocasiones por haberse convertido al cristianismo, pudiendo colocar a otro en su lugar y lograr así su libertad. Sin embargo, se desconfiaba de que la conversión fuera realmente sincera, por lo que en caso de autorizarse el trueque, se le obligaba al liberado a residir en zonas interiores de la península, al objeto de evitar su pase a Berbería o que actuara de espía para los piratas norteafricanos o turcos.
En cuanto a los esclavos repuestos en lugar de otros, constituyó un fenómeno derivado de las numerosas evasiones que se produjeron, especialmente en los años postreros del siglo XVII. El responsable de la custodia del fugado debía reparar su negligencia sustituyendo a su costa el esclavo fugado por otro que hubiera sido examinado y aprobado por el médico de galeras. En caso contrario, debía pagar su importe. La condena de reposición también podía ser impuesta a personal civil y, cuando el fugado se le consideraba inútil para el remo, se imponía un pena pecuniaria resultante de la tasación del esclavo.
Aparte de esta amplia tipología, existieron a su vez determinados grupos de esclavos que por sus características particulares merecen ser destacados. En primer lugar hallamos a los arráeces, Capitanes berberiscos de barcos corsarios, que por estar considerados como muy peligrosos nunca debían ser liberados, intercambiados o vendidos. Tampoco podían serlo los renegados, los que junto a los anteriores no se les podía ocupar ni en tierra, ni en ninguna labor distinta a la de la boga, por lo que se dispuso mantenerlos encadenados permanentemente a sus bancos.
Otro tipo de esclavos especiales fueron los llamados “mercaderes”, individuos procedentes casi exclusivamente del norte de África que, por sus habilidades comerciales y su mayor docilidad, fueron muy estimados por los cómitres, alguaciles y demás oficiales de las galeras, para tomarlos a su servicio y emplearlos en faenas particulares o de asentistas, permitiéndoles una vez recalada la galera en puerto, desplegar tenderete sobre su muelle y vender todo tipo de productos. Además, podían efectuar cuantas misiones se les encomendaran en función de sus habilidades y cualidades. Por todo ello, junto  “los moros de popa” y los músicos chirimías de la galera Capitana, fueron los esclavos que mejor trato recibieron, llegando incluso a deambular libremente por la galera.
En el lado opuesto se hallaban los renegados, que podían ingresar en galeras, bien en calidad de esclavos, bien como forzados. En este último caso, por sentencia de un tribunal de justicia y por un determinado tiempo de condena


BIBLIOGRAFÍA

BARRIO GOZALO, Maximiliano.
-          “La esclavitud en el Mediterráneo Occidental: los «esclavos del rey»  en España”, en Crítica Storica, 17, 1980, pp. 199-256.
-          “La mano de obra esclava en el arsenal de Cartagena a mediados del setecientos”, en Investigación Histórica, 17, 1997, pp. 79-99.
-          Esclavos y cautivos. Conflicto entre la cristiandad y el Islam en el siglo XVIII, Valladolid, 2006.


MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel. Los forzados de Marina en la España del siglo XVIII (1700-1775), Almería: Universidad de Almería, 2011.

Publicado en: https://revistadehistoria.es/la-esclavitud-en-las-galeras-espanolas-del-siglo-xviii/

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